El planeta de los (falsos) simios

Un experimento genético con grandes simios les convierte en inteligentes pero también genera un virus que acaba con la mayor parte de los ciudadanos de Estados Unidos. Los simios, huyen al bosque en busca de un hogar y construyen allí su ciudad o fortaleza. Los humanos, atrincherados entre ruinas, buscan la manera de poner en marcha una presa hidroeléctrica, cuya central se ubica en el bosque donde habitan los simios. El conflicto está servido sobre la mesa.

Recreación de El planeta de los simios. Belén de Benito y Pablo Herreros

Para muchos lectores, la película El amanecer del planeta de los simiosresultará entretenida y de calidad. Todos tendrán buenos argumentos para pensarlo, pero la crítica desde la primatología debe ser otra porque comete muchos errores y cae en algunos tópicos intencionados que conviene aclarar para que no pase lo que ocurrió con King Kong hace décadas. El mítico largometraje trasladó al público una imagen terrorífica de los gorilas que no se corresponde en absoluto con la realidad, ya que estos grandes simios ni cazan ni comen carne porque son herbívoros. Tampoco lo hacen los orangutanes excepto en raras ocasiones, presentes en la película también y caracterizados como unos seres curiosos, con inclinación por adquirir conocimientos. Estas últimas características, según mi experiencia personal son ciertas, aunque en un grado menor al mostrado por el director Matt Reeves. Los orangutanes manipulan todos los objetos continuamente, llegando a desmantelar las jaulas de los zoológicos donde habitan con sus manos, les gusta curiosear todo cuanto acontece y copian por observación acciones tan complejas como manejar una barca y remar.

De hecho, más perjudicial para los primates que la película en sí son un par de vídeos falsos muy bien realizados de manera previa a la exhibición de la primera parte que corrieron como un virus por la red, creados por la propia productora de la película en los que tratan de engañar. Éstos muestran a chimpancés entrenados por la guerrilla para usar machetes y metralletas. Ambos son completamente falsos aunque estén muy bien hechos.

Volviendo a la película, los progresos en organización social y tecnología en los simios que presenta son sorprendentes: se convierten en monógamos y padrazos de un día para otro, montan a lomos de caballos domesticados, hablan por medio de lenguaje de signos, usan armas arrojadizas con puntería y lloran.

Pero los chimpancés no son monógamos. Viven en comunidades que contienen varias hembras y machos. Las hembras copulan con varios individuos durante el celo. Se cree que lo hacen así para que los machos no sepan cuál es su cría y evitar así los infanticidios. Esta es la causa de la ausencia de relaciones paternofiliales significativas en esta especie.

Respecto al uso de las armas, sus creadores no andan del todo descaminados. Jane Goodall siempre ha creído que “si los chimpancés tuvieran armas y supieran cómo utilizarlas, lo harían del mismo modo que nosotros”. Estoy convencido de que es fácil enseñar a un chimpancé a usarlas. Otra cosa es que tengan la motivación para hacerlo por sí solos. Lo más parecido que existe documentado se encuentra en Senegal, donde un grupo de chimpancés vive en un entorno en el que la deforestación ha hecho estragos. Debido a la ausencia de árboles están comenzando a usar las cuevas para dormir y fabrican lanzas para cazar que introducen en los huecos de los árboles, donde se esconden pequeños mamíferos. Lo que no está documentado es que las usen en conflictos entre ellos. Probablemente porque tampoco la puntería es una de las fortalezas de los primates no humanos. No suelen acertar cuando lanzan piedras y palos en libertad.

Algo que me gustó es que se les caracterice con diversidad de personalidades y una intensa vida emocional. Aunque los animales no humanos no segregan lágrimas, sí están documentadas las emociones más básicas y algunos sentimientos. La mayoría de los animales sienten tristeza, miedo o sorpresa. Además, cada día contamos con más evidencias para atribuirles la capacidad de amar o vengarse. Otros sentimientos más complejos como la vergüenza o la nostalgia quizás no estén presentes en ellos, o simplemente no hemos sido capaces de descubrirlos todavía.

Pero la película vuelve a cometer un error muy típico de la era victoriana y del modelo mental aún hoy imperante, según el cual en el interior de nosotros y en la naturaleza predomina “la ley de la selva” o el “todos contra todos”. Este pesimismo, además del hecho de centrar la evolución de las especies en torno a la violencia, como ya hizo Stanley Kubrick en2001:Odisea en el espacio, es otro de los grandes errores en mi opinión. Precisamente ahora que estamos más seguros que nunca de que la cooperación hizo de nuestro grupo de especies uno de las más exitosos de la historia de la vida.

Además, César, jefe de los simios, es el más emocional y débil de todos porque convivió con humanos cariñosos. Es como si se le hubiera contagiado un grado más de empatía que al resto sólo por estar en contacto con nuestra civilización. En el lado oscuro está lo que aparenta ser un bonobo de nombre Kuba. Su desprecio por los humanos proviene de las torturas a las que le sometieron en un laboratorio. Es curioso porque los bonobos son los grandes simios más pacíficos de los cinco existentes. Siguen la política de “haz el amor y no la guerra”, por lo que para algunos puede ser una contradicción con lo que se muestra en la película. La única explicación es que, al igual que nos sucede a nosotros, las experiencias traumáticas también pueden ser detonantes de una agresividad descontrolada y un cambio drástico en la personalidad.

Belén de Benito y Pablo Herreros recrean su propio “Planeta de los simios” en un reportaje fotográfico

Uno de los hechos del filme que más llamó mi atención es una regla que los primates crean para garantizar la convivencia, que dice así: “simio no mata simio”. Cuando estalla algún conflicto, se la recuerdan como si fuera un mantra para evitar el asesinato de congéneres. Aquí es donde queda claro que el guionista no considera al ser humano otro gran simio más, ya que esta regla no la aplican a los humanos. Por eso echo de menos que se cite en algún momento que los humanos también somos simios o primates, monos al fin y al cabo. El guionista no hace referencia a que pertenecemos al mismo orden o grupo de especies. Tampoco cita la cercanía genética. En conclusión, El planeta de los simios es otra oportunidad que Hollywood ha dejado escapar de nuevo para limpiar la mala fama de los grandes simios y así ayudar a su supervivencia, humanos incluidos.

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