Primates en Wall Street

 

Vídeo: Mike, un chimpancé que un día comenzó a jugar con unos bidones de gasolina que provocaban un fuerte estruendo. Pronto aprendió que los otros miembros del grupo se asustaban mucho con este ruido. Gracias a este descubrimiento y sin ser el más robusto de los machos, rápidamente ascendió en la jerarquía hasta lo más alto.¿Cuántos directivos han ascendido mediante estas tácticas agresivas?

Primates en Wall Street I: los jefes

Además de mi pasión por los primates, trabajo en temas de psicología organizativa e inteligencia emocional con humanos, ya sea dando conferencias, impartiendo formación a empresas o en procesos de coaching con directivos. Por experiencia, sé que lemas como “sólo sobreviven los más fuertes” o “la ley de la selva” son recurrentes entre este colectivo. Ninguna de estas frases se la inventó Charles Darwin, pero a veces son la excusa perfecta para poner en práctica un estilo de dirección agresivo.

De hecho, uno de los libros de management o dirección empresarial más influyentes de todos los tiempos es el arte de la guerra, escrito en el siglo III a.C. por Sun Tzu. En la película de Oliver Stone Wall Street, el magnate de los negocios Gordon Gecko, interpretado por Michael Douglas, lo cita en varias ocasiones. Pues bien, la manera en que algunos directivos de los despachos de Wall Street tratan de conseguir sus objetivos es idéntica en esencia a las estrategias empleadas por algunos chimpancés en la selva.

Aunque modelos teóricos para relacionarse en el trabajo han ganado terreno, las estrategias agresivas aún están entre las preferidas de los directivos de mayor estatus. En el año 2011, la compañía de Rupert Murdoch News America fue denunciada por amenazar a competidores, mentir a sus propios clientes y efectuar pagos ilegales para retener contratos. Un ex-empleado declaró que era habitual en los periodos de aprendizaje que les proyectaran en una sala películas de gánsters como Una historia del Bronx o Los intocables, para motivarles y enseñarles cómo infundir miedo a los clientes.

Utilizando estrategias similares a las empleadas por News America, Jane Goodall dio a conocer la historia de Mike, un chimpancé de la comunidad de Gombe que obtuvo el poder apoyándose en el miedo que despertaba. Todo comenzó cuando encontró unos bidones de gasolina vacíos que provocaban un fuerte estruendo mientras jugaba con ellos. Pronto se percató de que los otros se asustaban mucho con el ruido. Gracias a este descubrimiento, y sin ser el más fuerte ni el más inteligente, ascendió rápidamente en la jerarquía hasta lo más alto. ¿Nos suena la maniobra, verdad? A veces me pregunto cuántos jefes han conseguido el puesto en el que están mediante el uso de tácticas de intimidación.

La estrategia clásica es a base de gritos, miradas asesinas o dando puñetazos sobre la mesa en las reuniones con el mismo fin con el que Mikehacía sonar los bidones o los gorilas se golpean el pecho: disuadir a los demás de que no intenten obtener una cuota de poder o responsabilidad que les haga sombra. Formas más modernas consisten en mandarte trabajo para el fin de semana o llevar a cabo tareas absurdas cuya verdadera función es tanto recordarse como recordarte que ellos son los alfa. Para estos personajes paranoicos, todo ser vivo a su alrededor es percibidos como una potencial amenaza. Carlos Herreros de las Cuevas, en su libro Neuromanagement, califica a estos individuos como “líderes tóxicos”.

La mayoría de los primates también realizan demostraciones de fuerza, rompiendo ramas e iniciando alocadas carreras de un lado a otro. Los más inseguros del grupo, especialmente si están en lo alto de la jerarquía, las llevan a cabo con más frecuencia porque necesitan gestionar la ansiedad que les produce la sensación de estar rodeados de enemigos. La interpretación de que existe un peligro constante está en el origen de las conductas agresivas que se producen tanto en la oficina como en la selva, pero también la explican en otros entornos. Por experiencia personal sé que los buenos líderes están más relajados porque su poder se sustenta sobre la alianza con otros con quienes comparten el poder. Por el contrario, los miembros que se comportan de manera dominante para controlarlo todo impiden el seguimiento de los subordinados y a largo plazo acaban aislados. Este fue el caso de Al Dunlap, conocido como Al el motosierra en el mundo de los negocios. Dunlap dirigió la gigantesca empresa de electrodomésticos SunBeam. Tenía fama de ser un gran tirano y hacerse con el control por la fuerza. En las primeras empresas las cosas le fueron bien, pero cuando llegó a Sunbeam la llevó a la ruina por su estilo de dirección tan violento. Sus propios colegas, como ocurrió también en el caso de Steve Jobs en su primera época al frente de la compañía apple, le expulsaron porque generaba muchos problemas en las relaciones a su alrededor.

Pero también hay ejemplos de buenos jefes en la selva. El primatólogo Toshisada Nishida conoció en la selva de Mahale a un macho alfa de nombre Ntologi que actuaba de modo opuesto. Ntologi compartía lo que cazaba con los subordinados y hasta se atrevía a robar a otros machos de alto estatus para dárselo a jóvenes, hembras y viejos. Esta manera de relacionarse le convirtió en el líder con más duración que se conoce en la historia de esta especie: doce años.

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Primates en Wall Street II: las reuniones

No dejes que los trajes, corbatas y despachos te confundan porque otros comportamientos presentes en las oficinas también hunden sus raíces en lo más profundo de la selva, tanto para bien como para mal. Por ejemplo, las reuniones de trabajo. Los primates humanos y no humanos tratamos de dejar claro nuestro estatus allá dónde vamos y estos encuentros laborales no son una excepción. Según un estudio publicado por el centro de investigación aplicada Wharton Center, los directivos creen que el 44 % de las reuniones celebradas no sirven para nada. En su mayoría, las decisiones que deben tomarse ya han sido decididas mucho antes de entrar a la sala. Lo que realmente importa en estos encuentros es recordar quién tiene el poder, como sucede en algunas ceremonias tribales.

La posición de las sillas y su cercanía al sillón del alfa es fundamental. Cuanto más cerca del jefe más poder tienes. Los nuevos empleados, más o menos conscientes de su poder simbólico, tienen cuidado de no ocupar el asiento de otro. Reemplazar a un miembro es percibido como un reto a su posición y por lo tanto representa una amenaza. Es decir, aunque no llevan el nombre ya están repartidos de antemano y las personas luchan por posiciones privilegiadas. En una ocasión, un directivo amigo mío me aseguró que la gente en su empresa corría por los pasillos antes de las reuniones para asegurarse un lugar cerca del macho alfa. Los alfa, realizan demostraciones de fuerza o dominancia alzando la voz, emplean palabrotas que inspiran agresividad. Pueden llegar a cuidar de la higiene de uñas o boca en presencia de sus trabajadores, dando a entender lo cómodos que se encuentran y el control que ejercen. Otras formas incluyen poner los pies sobre la mesa, como hicieron los presidentes Bush y Aznar en su famoso encuentro en las Azores.

Los chimpancés y otras especies de primates también desplazan a otros miembros de los lugares que consideran suyos y defienden su ubicación. En primatología lo llamamos suplantación o desplazamiento, y mediante su análisis podemos predecir la dominancia de un individuo sobre otro. Por ejemplo, algunas especies de primates luchan por las hembras, pero también por los lugares de sombra, de mayor visibilidad o por las zonas cercanas al líder. De hecho, lo normal es que los machos beta estén cerca del macho alfa. Normalmente existe una alianza entre ambos y esta se demuestra mediante la proximidad física pero también serán los primeros en cometer un asalto al poder cuando la debilidad del alfa lo permita. Además, si un recién llegado o subordinado se acerca demasiado al centro de poder, se la está jugando y puede provocar la agresión de estos “hombres del boss”.

Muchos jefes evitan el debate de manera sistemática por miedo a perder la sensación de control. La triste realidad de las empresas es que en las reuniones, las personas no se escuchan unos a otros a pesar de que la antropología considera que hablar por turnos es un acto cooperativo en sí mismo. Algo que hasta ahora no había sido detectado en otros primates.

El neurobiólogo de la Universidad de Princeton Daniel Takahashi, grabó decenas conversaciones entre parejas de titís. Los resultados demostraron que estos primates esperaban una media de cinco segundos para comunicarse y responder a las llamadas de los compañeros. Se respetaban unos a otros para comunicarse, lo que sugiere que deseaban escuchar lo que otros querían transmitirles. De nuevo, otra gran lección de los primates no humanos de la que todos deberíamos aprender.

Un pensamiento en “Primates en Wall Street

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